Rumbo a Tokio (7) – Recuerdos del 64, Valery Brumel

La competencia de salto en alto en los Juegos Olímpicos de Tokio, disputada el 21 de octubre de 1964, resulto –si no la “más espectacular”- al menos la más emotiva y agotadora del historial de esta clásica prueba. Se prolongó durante casi cinco horas en el Estadio Nacional hasta que Valery Brumel, en representación de la Unión Soviética, consiguió llevarse la medalla de oro, superando ajustadamente a su “archirrival”, el estadounidense John Thomas.

Ambos pasaron los 2.18 metros en su primer intento y fallaron dos centímetros más arriba, en una altura que podía ser accesible. Pero el triunfo de Brumel se decidió por la altura anterior (2.16) que consiguió salvar en primer intento, mientras Thomas necesitó dos. La medalla de bronce fue para otro estadounidense, John Rambo, con sus 2.16.

(En la clasificación del salto en alto hubo un atleta sudamericano, el peruano Roberto Abugattas, quien quedó en 1,95 m. Roberto era el poseedor del récord sudamericano con 2.08 m., que posteriormente elevó su hermano Fernando).

En los Juegos anteriores, en Roma, también un juvenil Brumel -19 años- había superado a Thomas (2.16 a 2.14) pero en aquel caso quedaron 2° y 3° respectivamente, ya que el triunfo correspondió al otro representante de la entonces Unión Soviética, el georgiano Robert Shavlakadze, también con 2.16. Fue justamente en Roma donde la URSS pudo interrumpir la hegemonía estadounidense en la prueba, manifestada a lo largo de casi todo el historial olímpico: habían ganado el salto en alto en once de las catorce ediciones anteriores. Para los Juegos de Tokio, Shavlakadze estaba nuevamente en batalla, pero sólo pudo quedar en el quinto puesto (2.14), Brumel era el líder del equipo. Y más aún, un verdadero héroe nacional en la URSS.

A lo largo de su gran campaña, que incluyó tres récords mundiales al aire libre, Thomas tuvo que “sufrir” la plenitud de forma de Brumel, quien lo superó en nueve de sus diez encuentros. No obstante, desarrollaron una gran amistad, en una época tan difícil y controvertida, donde los eventos deportivos estaban claramente matizados por la rivalidad política. “Gané mucho al no terminar primero. Si hubiera ganado, no hubiera aprendido tanto sobre la gente”, diría Thomas tiempo después, al ser honrado por la Universidad de Boston, donde desarrolló sus estudios.

Valery Nikolaevich Brumel nació en Razvedki, una localidad siberiana, cuando su país era asolado por las bombas y el avance nazi en plena Segunda Guerra Mundial: el 14 de mayo de 1942. Sus padres eran geólogos, ucranianos de Lugansk. Las dotes atléticas del adolescente Valery se revelaron rápidamente, en un momento en que el régimen –en plena reconstrucción del país- decidió invertir fuerte en el campo deportivo. Valery Brumel fue uno de sus mayores dotados, capaz de correr los 100 metros en 10s.6 o lanzar la bala a 15 metros. A pesar de que medía 1.85 m., se concentró en el salto en alto y fue colocado bajo la tutela del mejor maestro de la escuela soviética de esta disciplina, Vladimir Dyatchkov.

Valery es el mayor talento que vi para esta prueba. Pero apenas comenzamos, le dije que debía olvidarse de todo lo que sabía, concentrarse en cuerpo y alma en la prueba, automatizar y precisar sus movimientos”,  fue una de las famosas máximas de Dyatchkov.

En vísperas de los Juegos de Roma, John Thomas se había convertido en el primer hombre en atravesar la “barrera” de los 2.20 metros. Después de batir el récord mundial con 2.17 en Filadelfia (30 de abril) y 2.18 en Bakersfield (24 de junio), pasó los 2.19 y los 2.22 el 1° de julio en el legendario estadio de la Universidad de Stanford, en Palo Alto. Sin embargo, los soviéticos pudieron superarlo en el encuentro olímpico de esa temporada, en Roma.

Y a partir de allí Brumel se convirtió en el número 1 de la especialidad. El 18 de junio en Moscú, estableció el primero de sus seis récords mundiales con 2.23. Y al mes siguiente, en el mismo Estadio Lenin, recibió a Thomas en el marco del match EE.UU-URSS que se había convertido en un clásico entre las dos mayores potencias mundiales de este deporte. Fue un 16 de julio, cuando Brumel superó los 2.24, batiendo nuevamente su récord y aventajando a Thomas por cinco centímetros. Completó la temporada al ganar los Juegos Mundiales Universitarios en Sofía, el 31 de agosto, ahora llevando la maximarca hasta 2.25 m.

Aquellos encuentros EE.UU.-URSS al menos eran un “bálsamo” con el mundo en plena guerra fría y, en esos momentos, con la dramática posibilidad de una conflagración nuclear (por ejemplo, durante la crisis de los misiles a fines del 62). Para el match del 62 se asignó la sede al citado estadio de Stanford, y más de 75 mil personas concurrieron en cada una de las dos jornadas: participaban las estrellas del atletismo mundial de la época como Ter-Ovanessian, las hermanas Irina y Tamara Press o el fondista Pyotr Bolotnikov por el lado de los soviéticos, el sprinter Bob Hayes, los lanzadores Al Oerter y Harold Connolly, el saltarín de largo Ralph Boston, entre los locales. Pero ese 22 de julio de 1962, una vez más el salto en alto representó el momento cumbre del match. Thomas no fue factor en la competencia (terminó cuarto con 2.05) pero Brumel se lució con su nuevo récord mundial de 2.26 metros. Se fue ovacionado por la multitud, y mucho más cuando los atletas de ambos equipos, tomados de las manos, dieron una vuelta de honor para cerrar el encuentro. Un clima que contrastaba con la atmósfera tenebrosa de esos tiempos.

Brumel llevó el récord a 2.27 en Moscú, el 29 de septiembre, y fue también en esa capital donde fijó el último de sus topes con un centímetro más. Ocurrió el 21 de julio de 1963, en otro match ante Estados Unidos.

Aquella serie de récords y su consagración olímpica en Tokio hicieron de Brumel un “héroe soviético”, exhibido por el régimen en el campo deportivo tanto como Yuri Gagarin lo era a nivel general.

En L’Equipe se llegó a escribir: “Los rusos han saltado más alto que nadie. Yuri Gagarin lo hizo con un cohete, Valeri Brumel lo hizo con su propio esfuerzo».

Tal vez hoy, aquellas marcas no signifiquen tanto, pero hay que tener en cuenta en qué condiciones entrenaban y competían los saltarines. Aún no había pistas o saltómetros de tartán para efectuar las carreras, y muchas veces tenían que caer sobre arena o colchonetas pesadas. Pero, fundamentalmente, saltaban con los estilos antiguos, tomando la varilla de frente. Brumel se convirtió en un verdadero estilista por la perfección de su “straddle”, con una técnica maravillosa.

La temporada de 1965 iba a marcar una pausa competitiva para él, pero prácticamente derivó en tragedia. El 6 de octubre, en una tarde fría y lluviosa, iba con un amigo en una moto, la misma se despistó y salvaron sus vidas por milagro. Brumel sufrió fracturas en ambas piernas –en algún momento se temió la amputación de la derecha- pero consiguieron salvarlas. Consiguió volver a saltar dos años después, aunque sin mayores ambiciones, y se retiró del atletismo.

Concluyó sus estudios en Psicología Deportiva, escribió novelas y obras de teatro, guiones de película y hasta el libro de una ópera basada en su vida.

Pero su especialidad, del salto en alto, experimentaría una verdadera revolución poco después. Fue cuando apareció el estadounidense Dick Fosbury para conquistar el título en los Juegos Olímpicos de México, tomando la varilla de espaldas. El “Fosbury flop” fue adoptado, a partir de ese momento, como la técnica para todos los especialistas en esta prueba.

Los 2.28 m. de Brumel recién fueron batidos –como récord mundial- por el estadounidense Pat Matzdorf el 3 de julio de 1971 en Berkeley (2.29). En realidad, el chino Ni Chi-Chin también había conseguido esa marca pocos meses antes (8 de noviembre de 1970), pero no recibió ninguna homologación, ya que su país no integraba la Federación Internacional. Y no se demoraron los 2.30, que logró otro estadounidense, Dwight Stones, el 11 de julio de 1973. El salto en alto había ingresado en una nueva era.

Brumel murió el 26 de enero de 2003 en Moscú, fue enterrado en el cementerio de Novodevich, donde también se encuentran los restos de otros héroes nacionales de su país. Y hace pocos meses, se levantó allí una escultura en su honor, obra del artista Vyacheslav Piliper.

 

¿ Te gustó esta noticia ?
¿ Quieres compartirlo ?
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on whatsapp
¿ Qué opinas ?

Thiago Braz ya se colocó en la final de garrocha

El brasileño Thiago Braz da Silva, recordman sudamericano y defensor del título olímpico del salto con garrocha, atravesó la fase clasificatoria y estará nuevamente en la prueba decisiva. Un registro

ArgentinaBoliviaBrasilChileColombiaEcuadorGuyanaPanamáParaguayPerúSurinamUruguayVenezuela

© 2021 atletismosudamericano.org