Rumbo a Tokio (3) – los sprinters venezolanos en los Juegos del 64

Una de las mejores performances de los atletas sudamericanos durante aquellos difíciles Juegos Olímpicos de Tokio, en 1964, estuvo a cargo de la posta 4×100 metros de Venezuela: repitiendo lo conseguido cuatro años antes, en Roma, los sprinters de ese país volvieron a ubicarse en la final, donde lograron el sexto puesto y un récord sudamericano de 39s.53.

Durante las series, disputadas el 20 de octubre, los venezolanos establecieron el récord con 40s10 y ya en semifinales, bajaron por primera vez de 40 segundos (39s65), el registro también mejorado en la finalísima. Aunque hay que recordar que –con cronometraje manual- un equipo venezolano había logrado 39s.8 en Caracas algunos meses antes, cuando se preparaba la participación olímpica. Aquí habían formado con Arquímedes Herrera, Lloyd Murad, Rafael Romero y Horacio Estéves quien, otra vez perseguido por las lesiones, no pudo competir en Tokio, donde su plaza fue ocupada por Hortensio Fusil (más especializado en los 400 metros).

Los velocistas venezolanos, de aquella formidable generación que reconocía la tarea formativa del gran coach Ladislazo Lazar desde fines de la década del 50, venían mostrando su valía en los principales eventos. Además de la ubicación en la final olímpica de Roma, habían dominado –tanto en forma individual como en relevos- en las competencias panamericanas, centroamericanas, iberoamericanas y sudamericanas.

Y el 2 de agosto de 1964, en el Estadio Nacional Universitario de Caracas, se realizó uno de los primeros eventos preolímpicos, brillando Arquímedes Herrera al batir los récords sudamericanos de 100 metros (10s.1) y 200 metros (20s.5), manuales.

El Campeonato Nacional se disputó el 15 de ese mes, en el mismo escenario. Y allí Estéves concretó una actuación histórica al igualar el récord mundial de los 100 metros llanos con 10s., que había fijado el alemán Armin Hary cuatro años antes (21-6-60 en Zurich), luego igualado por el canadiense Herry Jerome (15-7-60 en Saskatoon). Estéves se convirtió así en el único velocista del historial de Sudamérica en producir una hazaña así, mientras que Venezuela recién volvió a disfrutar últimamente con atleta en la plusmarca mundial (Yulimar Rojas). El día de aquel Nacional, la planilla oficial certificó que se corrió sin viento y los tres relojes asignados al ganador marcaron 10 segundos (había un “extra” de 9s9). Arquímedes Herrera llegó segundo con 10s3 y Lloyd Murad fue tercero con 10s6.

Pero un desgarro le impidió a Estéves competir en Tokio. Lo perseguía el infortunio ya que cuatro años antes, en Roma, había sido semifinalista en las dos pruebas de velocidad, y otra lesión lo privó de participar en el relevo.

En Tokio, fue Herrera quien asumió el liderazgo individual, escalando hasta las semifinales tanto en 100 como en 200 metros (Murad llegó a cuartos en el hectómetro). El rey de la velocidad en  Tokio fue un coloso, el estadounidense Bob Hayes con 10s0 y una rotunda superioridad sobre el cubano Enrique Figuerola (10s2) y Jerome (10s2). Pero Hayes –un hombre que luego se dedicó al fútbol americano y privó, tal vez, de tener en esa época el primer “sub 10s” en los 100 metros- aún tenía reservado otro espectáculo, para el relevo corto.

Venezuela presentó a Herrera, Murad, Rafael Romero y Hortensio Fusil, y tras el segundo lugar en su serie con 40s10, implantó el récord sudamericano de 39s65 en semifinales (quedó 3°) y se aseguró un sitio entre los ocho finalistas. En la carrera decisiva, al recibir Hayes su testimonio, Estados Unidos –tras las corridas de Paul Drayton, Garry Ashworth y Richard Stebbins- aparecía en el quinto lugar y se encontraba a tres metros  de los líderes, Polonia y Francia. Aquella remontada de Hayes se recuerda como una de las más notables de la historia olímpica y le dio el oro a su país con un récord mundial de 39s06, dejando a Polonia y Francia en los otros puestos del podio con 39s36. Luego se ubicaron Jamaica con 39s49, la URSS con 39s50 y Venezuela en un meritorio sexto lugar, con nuevo tope sudamericano de 39s53, delante de italianos y británicos.

Estos fueron los velocistas venezolanos, protagonistas de aquella final del 4×100 en los Juegos de Tokio:

Arquímedes Herrera

Arquímedes Herrera había nacido el 8 de agosto de 1935 en Bobures, estado de Zulia. Y por eso, le apodaban “El tren de Bobures”. Venía de una familia humilde y había trabajado en las plantaciones de maíz, plátano y yuca. Se cuenta que practicó béisbol y boxeo en su adolescencia, mientras que su ingreso al atletismo se produjo más adelante, cuando cumplía con el servicio militar. Fue allí que Ladislao Lazar detectó sus condiciones y se lo llevó de inmediato para entrenar con su plantel de velocistas en el Estadio Nacional.

El Sudamericano de Lima, en 1961, lo contó como gran protagonista ya que se impuso en los 100 metros con 10s.6, en gran duelo con Estéves quien, por su parte, marcó 21s3 para llevarse los 200, superando por tres décimas a Arquímedes. Ambos, por supuesto, se unieron a Romero  y Bonas para vencer en el relevo. Un año más tarde, durante los Centroamericanos en Kingston, fue el “escudero” de Romero, llevándose el bronce en 100 y la plata en 200, además del triunfo en la posta. Y nuevamente, en el Iberoamericano de Madrid (allí Herrera cosechó el bronce en 200 y la plata en el relevo). En los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, Herrera ascendió al podio en todas las pruebas de velocidad: los 100 metros fueron ganados por el cubano Enrique Figuerola, delante de Herrera y el crédito estadounidense Ira Murchison. Y dos venezolanos estuvieron en el podio de los 200: el triunfador Romero y Herrera, tercero. Además, quedaron segundos en la posta. Dos meses más tarde, Arquímedes Herrera fue una de las luminarias del Sudamericano de Cali al ganar los 100  y 200 metros llanos, aquí con 20.8 que igualaban la plusmarca sudamericana. No pudo completar el triplete ya que el equipo venezolano –que a esa altura lucía imbatible- fue descalificado.

Con posterioridad a los Juegos de Tokio, fue campeón bolivariano de 100 metros en Quito (1965, y tercero en 200). Se mantuvo activo en el atletismo hasta sus 35 años, aunque ya sin el nivel anterior. Se despidió con los Juegos Bolivarianos de 1970 en Maracaibo, donde volvió a subir al podio: con 10s4 en 100 y 21s5 en 200 escoltó al peruano Fernando Acevedo (10s2, 21s1) en ambas pruebas. Y la última participación internacional de Arquímedes fue a lo grande, ya que –junto a segundo Guerra, Castro y Marchán- se llevaron el título en la posta 4×100 con 40s5. Siguió vinculado al atletismo como entrenador y juez, falleció el 30 de mayo de 2013 y hoy la Villa Deportiva de Zulia lleva su nombre.

 

Lloyd Murad

Nació el 9 de abril de 1933 en Trinidad Tobago pero, ya en Venezuela, se incorporó a las escuadras de jóvenes atletas que impulsó Ladislao Lazar. En 1959, Murad logró las medallas de bronce de 100 y 200 metros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Caracas con 10s.92 y 22s.40 respectivamente. El campeón en esa oportunidad, en ambas pruebas, fue el puertorriqueño Manuel Rivera (10s87, 21s79), pero un todavía “junior” Horacio Estéves en 100 y Rafael Romero en 200 fueron sus escoltas. Con Clide Bonas, el más experimentado, como lanzador y Murad, Estévez y Romero se llevaron el título de la posta corta, el primero de tantas conquistas que iban a hilvanar en el terreno internacional.

            En las evaluaciones para los Juegos Olímpicos de Roma (1960), Murad alcanzó la mejor marca de su vida sobre 100 metros: 10s.3. Fue el 12 de junio en Caracas, en una cerrada competencia con Rafael Romero, quien se impuso con la misma marca.  Ya en los Juegos, y además de integrar la posta finalista, Murad alcanzó los cuartos de final en 100  y  no pasó de la serie en 200. Y poco después, en el Iberoamericano de Santiago de Chile, Murad logró la medalla de bronce en los 200 llanos y el título con el relevo corto (Estéves, Murad, Emilio y Rafael Romero) que marcó 40s3.

A fines de la temporada siguiente, Murad se incorporó a las filas universitarias de San José, en California –reside en EE.UU. desde entonces- pero nunca dejó de participar en las convocatorias de su país. Así en 1962 integró el relevo 4×100 que triunfó en los Centroamericanos de Kingston y luego participó en el Ibero de Madrid, donde fue segundo con el relevo corto y campeón con el 4×400.

 

 

Rafael Romero

Nació el 24 de marzo de 1938 y era hijo de uno de los más famosos deportistas de Maracaibo, José Encarnación “Pachencho” Romero, quien se había destacado durante la década del 40 y cuyo nombre lleva hoy el principal estadio de esa ciudad. El luego popular “Rafo” Romero hizo su debut olímpico en los Juegos de Melbourne (1956) con apenas diecisiete años, quedando en las series de 100 y relevo corto.

En los Juegos Olímpicos de Roma, Rafael Romero alcanzó los cuartos de final en 100 y 200, e integró el relevo finalista en la 4×100. Semanas después en Santiago de Chile fue una de las grandes figuras del primer Campeonato Iberoamericano con sus triunfos en 100 (10s3) y 200 (20s8), igualando aquí el récord sudamericano, además de integrar el relevo campeón con Estéves, Murad y Emilio Romero. Al año siguiente, Rafael Romero también integró los relevos campeones de 4×100 y 4×400 en el Sudamericano de Lima y, además, repitió esos triunfos en los Bolivarianos de Barranquilla. Allí también fue campeón de 200, delante de Estéves, quien –a su vez- lo aventajó en el hectómetro. Rafael Romero se volvió a lucir durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1962 en Kingston, ya que triunfó en los 200 metros y con el relevo 4×100, además de protagonizar una gran carrera en 100, ganada por el ídolo de Bahamas, Thomas Robinson. Allí Romero fue medalla de plata, seguido por Herrera y el luego medallista olímpico, el cubano Enrique Figuerola. Y nuevamente los Iberoamericanos –ahora en el Vallehermoso de Madrid, en uno de los más grandes triunfos del historial de conjunto para el atletismo venezolano- Romero fue la figura: hizo doblete con los triunfos en 100 y 200, y subcampeón con la 4×100 junto a Herrera, Murad y Fawre.

La mayor hazaña de Rafael Romero fue su victoria sobre los 200 metros llanos en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo (1963), la primera de un atleta venezolano en estas citas, superando al estadounidense Ollan Casell –luego presidente de la poderosa federación atlética de su país- y con Herrera en la medalla de bronce. La posta 4×100 venezolana, formada por el decathleta Héctor Thomas, Estéves y Romero, también se llevó desde allí una valiosa medalla de plata, detrás de los estadounidenses.

Después de su participación en los Juegos de Tokio, aún representó a Venezuela en el Sudamericano de Rio de Janeiro (1965) llevándose un segundo puesto con el relevo corto. Romero se recibió de profesor de Educación Física y posteriormente, de entrenador de atletismo. Realizó cursos de perfeccionamiento en Köln (Alemania) y a su regreso, dirigió la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos. También fue presidente de la Federación Venezolana de Atletismo y director de Deportes en estados como Sucre, Mérida y Yaracuy.

Hortensio Fusil

Al igual que Romero y Herrera, provenía de la región de Maracaibo, donde nació el 8 de febrero de 1939. También recibió las primeras enseñanzas atléticas de “Pachencho” Romero pero, a diferencia de sus compañeros, se destacaba más en los 400  llanos que en la velocidad pura. Y así estuvo en los Juegos de Tokio para esta prueba, aunque no pudo atravesar la primera vuelta.

En los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Kingston (1962), Fusil consiguió la medalla de plata de los 400 llanos detrás de uno de los mejores especialistas del mundo, el jamaiquino George Kerr. En el Iberoamericano de ese año, en Madrid, integró la posta larga que se llevó el título. Y un año después, en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, fue 5° en la final individual de los 400, logrando la medalla de plata con el relevo que formaron junto a Arístides Pineda, Leslie Mentor y Víctor Maldonado.

Fusil alcanzó su máxima conquista individual en el Campeonato Sudamericano de Cali (1963) al vencer en los 400 metros llanos con 46s.7, estableciendo el récord sudamericano. Allí también fue campeón con el relevo largo –con el mismo equipo que en Sao Paulo- y medalla de plata en los 200 metros con 21s.0, donde escoltó a Herrera.

Después de su participación olímpica en Tokio, sumó nuevas medallas en el Sudamericano de Rio (1965) donde fue campeón con el relevo largo, subcampeón en 200 y 4×100, y cuarto en la individual de los 400 llanos. Hortensio falleció el 2 de mayo de 2018.

 

FOTO: el gran velocista venezolano Arquímedes Herrera, en la eliminatoria de 100 junto al coloso de aquellos Juegos el estadounidense Bob Hayes.

 

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