El espíritu de Bill Mills, sobre la primera final de estos Juegos en Tokio

En la noche de este viernes 30 de julio en el Estadio Olímpico de Tokio el atletismo de los Juegos -en su jornada inaugural- proclamará a su primer campeón. Y será sobre una distancia clásica, los 10 mil metros llanos masculinos, donde las potencias africanas (ahora especialmente Uganda y Etiopía) están posicionadas con los nombres de los grandes favoritos.

            Pero, al mismo tiempo, será la oportunidad para recordar uno de los momentos más vibrantes de los Juegos celebrados en 1964 en ese mismo escenario. Fue un 14 de octubre sobre una pista de carbonilla, aún muy húmeda por la lluvia, donde el estadounidense Bill Mills produjo uno de los grandes batacazos al llevarse la medalla de oro delante de los favoritos, el tunecino Mohamed Gammoudi y el australiano Ron Clarke, recordman mundial.

            La carrera de los 10 mil metros llanos ha deparado los nombres de algunos de los máximos héroes del atletismo olímpico que, a lo largo de la historia, fueron capaces también de concretar el doblete dorado con la prueba de 5.000. Nombres como los de los fineses Paavo Nurmi y Lasse Viren en épocas tan distintas, el checo Emil Zatopek, los soviéticos Vladimir Kuts y Piotr Bolotnnikov, los etíopes Haile Gebrselassie y Kenenisa Bekele, están inscriptos con letras de hora en la historia de los Juegos. El autor del último doblete, tanto en Londres 2012 como en Rio de Janeiro 2016, fue el británico MoFarah. Pero hace pocas semanas, en su intento de llegar nuevamente a los Juegos en pruebas de pista, tras incursionar en largas distancias de ruta, MoFarah no pudo anotar la marca mínima y se ha quedado al margen.

            La historia de Bill Mills, el inesperado campeón del 64, es también una historia de superación y redención personal, de una lucha contra la discriminación racial y contra sus propios problemas físicos. Mills nació en 1938 en una familia de la tribu Oglala Lakota (indios sioux) y creció en una reserva en Pine Ridge, Dakota del Sur. Perdió a su madre cuando apenas tenía 8 años y a su padre, poco después. Una beca le permitió estudiar en el Haskel Indian School, en Kansas, y de allí pasó a la Universidad del mismo estado, en una saga similar a la que otro fabuloso atleta de principios de siglo, Jim Thorpe, concretara antes de llegar a los Juegos Olímpicos de Estocolmo.

           En sus tiempos estudiantiles, Mills también apareció como un fondista de calidad. También fue oficial de la Marina Estadounidense y consiguió su clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio, tanto en los 10 mil metros como en el maratón. Pero ya había sufrido varios episodios de discriminación. Y, además, se enteró en plena preparación olímpica, en California, cual era la razón de sus problemas físicos que le afectaban en los tramos finales de la carrera: hipoglucemia y Diabetes Tipo 2. “Ir a Tokio fue, para mí, curar mi alma rota”, confesó el año pasado, en una entrevista para World Athletics desde Sacramento, donde vive con su esposa Patricia.

           Mills consiguió mantenerse en el lote puntero al ingresar a las dos vueltas finales junto a Gammoudi, Clarke y el etíope Mamo Wolde (un hombre que, cuatro años más tarde, iba a heredar el reinado de Abebe Bikila en el maratón olímpico). Al sonar la campaña para los últimos 400 metros, Wolde se quedó, Clarke lanzó otro ataque, Gammoudi y Mills pudieron seguirlo. “Me juré que iba a resistir” contó Mills. Su rush en la última recta fue imparable, tras sucesivos cambios de mando con sus prodigiosos rivales. Mills triunfó con 28m24s4, un récord olímpico que, además, representaba una mejoría personal de casi 50 segundos. Un universo… Gammoudi se llevó la medalla de plata, a sólo cuatro décimas, mientras Clarke se tenía que conformar con el bronce en 28m25s8. Autor de más de una decena de récords mundiales a lo largo de su campaña, dueño y señor de las pistas en carreras de fondo por un largo período, Clarke no tuvo la satisfacción del oro olímpico.

          “Cuando tocaron el himno de Estados Unidos fue un instante muy poderoso para mí. Algunos pensaron que estaba llorando, simplemente por ganar una carrera. Pero, para mí, era mucho más que eso”, siguió contando Mills.

            Días después se alistó para el maratón, pero allí decayó en las tres millas finales y terminó en el 14°puesto, mientras Abebe Bikila completaba su glorioso ciclo con el récord mundial y el segundo triunfo consecutivo en esa distancia.

           Mills mantuvo un alto nivel en la temporada siguiente, donde fijó una marca mundial sobre 6 millas junto a su compatriota Garry Lindgren (27m11s6), además de una marca personal de 13m41s4 en los 5.000 metros y un récord nacional de 10 mil con 28m17s6, mejorando su performance de Tokio. Fueron, prácticamente, sus últimas demostraciones. A su retiro del atletismo, realizó una conmovedora lucha por los derechos sociales y contra la discriminación. Como parte de esa campaña en 1986 fundó la Running Strong for American Indian Youth, impulsó distintas actividades solidarias y recibió la Medalla Presidencial a la Ciudadanía, otorgada por Barack Obama en 2014, participando también en el Concierto contra la Discriminación.

            La lucha, el ejemplo y el modelo de Mills seguramente estarán sobrevolando en esta noche del viernes sobre el estadio de Tokio, donde nuevas generaciones de talentos buscarán la herencia de su dorada en los 10 mil.

           El atletismo de Uganda ya ha disfrutado de dos medallas de oro en la historia olímpica. Una le correspondió a John Akii-Bua sobre 400 metros con vallas en los Juegos de Munich (1972) y la otra, más cercana, a Stephen Kiprotich en el maratón de Londres 2012. Tanto Joshua Cheptegei como ese joven fenómeno llamado Jakob Kiplimo son los favoritos en esta oportunidad, pero el tradicional poderío de los etíopes puede complicarlos.

            En Rio 2016, Cheptegei quedó 6° sobre 10 mil metros y 8° en 5.000. Pero desde entonces alcanzó la cima del atletismo de fondo. Tras obtener la medalla de plata en el Mundial de Londres sobre 10 mil metros, llegó al oro en Doha 2019. Además fue campeón de 5.000 y 10.000 en los Juegos de la Commonwealth 2018, en Australia. Su progresión del 2020, cuando ya se había desatado la pandemia sobre el mundo entero, fue aún más sensacional y le arrebató los récords mundiales de ambas distancias a Kenenisa Bekele, quien los mantenía desde hacía más de una década: primero marcó 12m35s36 sobre 5.000 en Montecarlo y luego 26m11s00 sobre 10.000 en Valencia, bajando aquí por más de seis segundos el tope.

     De cualquier modo, su actual forma física es una incógnita, ya que participó muy poco en esta temporada del 2021 y lejos de aquel nivel.

     En cambio Kiplimo, de 20 años, estableció el mejor registro mundial de la temporada -y séptimo de todos los tiempos- para los 10 mil metros, al correr en 26m33s93 durante el meeting de Ostrava, el 19 de mayo. Kiplimo cuenta, entre sus principales conquistas, con el Mundial de Medio Maratón, el pasado 17 de octubre en Gdynia, Polonia. Y este año también se lució con una actuación de 12m55s en 5.000 metros, hace un mes en Florencia.

     La comitiva etíope es encabezada por Selemon Barega, autor de la segunda marca de la temporada con 26m49s51, durante los Trials de su país, que se realizaron el 8 de junio en Hengelo, Holanda. Junto a él estará Yomif Kejelcha, también de sólidos antecedentes como su medalla de plata mundialista en Doha, detrás de Cheptegei. Habrá que ver si éste puede repetir su performance de Dolha, cuando una vuelta final de 55s38 segundos le permitió errar con medalla de oro, con un poder de remate similar al que antes exhibía Mo Farah. El tercer hombre de la escuadra etíope es Berihu Aregawi, de 20 años, y que marcó 26m50s37 durante los Trials, realizados con un clima más fresco que el que encontrarán ahora en la capital japonesa.

      Curiosamente, una potencia como Kenya no ostenta el título olímpico de los 10 mil metros desde que Neftalí Temu lo consiguiera en los Juegos de México, hace 53 años. Y las posibilidades de revertir esa historia se limitaron en los últimos días debido al retiro de Geoffrey Kamworor, su carta principal, quien sufrió una lesión en el tobillo. Ahora formación keniata es encabezada por Rhonex Kipruto (bronce mundialista), respaldado por Rodgers Kwemoir y Weldon Langat.

       El italiano Alberto Cova, en Los Angeles 1984, fue el último campeón de 10 mil metros que no nació en territorio africano. No parece ahora que esa situación pueda modificarse. Inclusive, uno hombre citado para pelear arriba como el canadiense Mohamed Ahmed -bronce mundialista de .5000 metros en Doha- en realidad nació en Somalia.

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