EL ALUCINANTE RECORD DE LOS 400 METROS CON VALLAS

Por LUIS VINKER

El Estadio Olímpico en Tokio había vivido momentos mágicos en la jornada atlética del domingo 1° de agosto, cuando la venezolana Yulimar Rojas batió la marca mundial del triple salto y le dio el primer oro de la historia a su país en este deporte, mientras Italia se asombraba con su primer campeón en los 100 metros llanos -LaMont Marcell Jacobs- y otro italiano, Gianmarco Tamberi conmovía con sus lágrimas y su emoción al compartir la dorada del salto en alto con el qatarí Barshim.

Pero ¿quién podría imaginar que pocas horas más tarde, en el mediodía del martes 3 en el mismo escenario, exactamente a las 12.20, se iba a producir otro acontecimiento, de esos que quedarán por siempre en la historia de nuestro deporte?

Fue en la final de los 400 metros con vallas, una especialidad que en los últimos tiempos ha ganado una notable cuota de espectacularidad y atracción. Se palpitaba la posibilidad del récord y, por supuesto, con Karsten Warholm en pista, tras haberlo logrado un mes antes en su propio reducto del estadio Bislett, en Oslo. Pero lo que no resultaba previsible es la dimensión de ese récord, directamente pulverizando los 46s.70 anteriores y llevando la marca por debajo de la frontera de los 46 segundos.

Aunque hubo alguien que sí lo imaginó, aún en una situación distinta a la que se dio. Era Kevin Young, el hombre que había logrado el récord de los 400 vallas en los Juegos Olímpicos de Barcelona hace casi tres décadas (1992) con 46,78 segundos, una marca a la que nadie se acercó hasta que en los últimos años lo hicieron Warholm, el estadounidense Rai Benjamin y el qatarí Abderramah Samba. En vísperas del gran choque en Tokio Young vaticinó: “Si alguien puede bajar los 46 segundos es Benjamin, ya que se trata de un atleta muy feliz, con marcas de 10 segundos en 100 metros y debajo de 20s 200. Aunque parezca una locura, no lo es. Warholm tiene su ventaja, el decathlon le dio la suficiente resistencia para aguantar el final de una carrera. Pero pienso que después de Oslo ya produjo su máximo, mientras que Benjamin viene subiendo”.

Kevin Young no se equivocó con Benjamin ya que este produjo una actuación excepcional: 46,18 segundos. Lo que no había previsto es que sólo le alcanzaría para la medalla de plata, que se había topado con un hombre en una situación ¿mágica, irreal?. Lo lamentó el propio Benjamin momentos después, no sabía si festejar su propia hazaña o lamentar que esta no le alcanzara para el triunfo.

Habló así: “Si alguien me hubiera dicho que corría en 46,18 segundos y perdí, lo echaba a puñetazos de mi lado”.

Mi primera impresión, y creo que es compartida por muchos de los que comprenden del atletismo y sus marcas, es que acabamos de presenciar una de las marcas más extraordinarias de todos los tiempos, abarcando todas las disciplinas de este deporte. Inclusive, comparable a lo que significaron los 8,90 metros de Bob Beamon en el salto en largo de los Juegos Olímpicos de México, en 1968. Fue tal el shock que aquella vez se produjo -había mejorado el récord mundial por más de medio metro- que el propio Beamon prácticamente no volvió a saltar. Y desde entonces, sólo un hombre pudo superarlo (Mike Powell en 1995) pero, en general, el nivel general de la elite de esa prueba está lejos de la “era Beamon”. Si arriesgamos un poco más, también podríamos colocar en ese plano los fabulosos récords que Usain Bolt fijó para los 100 y 200 metros llanos en el Campeonato Mundial de 2009, en Berlin, con 9s.58 y 19s.19 respectivamente. Pero no sería extraño que una próxima generación de velocistas, en no más allá de una o dos décadas, intente llegar a ese nivel.

El propio comentario de World Athletics habla en ese sentido: “Aún no existen superlativos adecuados para describir la magnitud de lo que el joven de 25 años acaba de lograr: los récords mundiales en una vuelta de la pista simplemente no se rompen por el margen que Warholm logró inventar esta mañana. Por ahora, será suficiente llamar a esta la mejor carrera en la historia del atletismo”. El ex velocista y múltiple campeón mundial y olímpico Michael Johnson apuntó en su primer Twitter “Esta es una de las márcas más alucinantes en la historia del deporte”. Y si alguien sabe de marcas es MJ que, pese a su estilo poco convencional, supo sacudir al mundo atlético de principios de los 90 con 19s.32 en los 200 metros llanos y 43s.18 en los 400.

Los 45,94 segundos empleados por Warholm para cumplir una vuelta a la pista, afrontando el pasaje de las diez vallas, son directamente alucinantes. Como también los 46,18 de Benjamin y aún los 46,72 del tercero, un joven brasileño de 21 llamado Alison Brendom Alves dos Santos y que, con semejante registro, un mes atrás hubiera festejado ¡el récord del mundo!

Simplemente como referencia podemos señalar que para la tabla de puntaje que otorga la federación internacional (World Athletics), 45s.94 en los 400 vallas equivaldría a correr los 400 emtros llanos en 42s.75 (el récord actual es 43s.03), los 800 metros por debajo de 1m.40s. O los 10 mil metros debajo de 26m., registros que hoy por hoy suenan “imposibles”.

Es triste -pero inevitable por la situación global y el drama de la pandemia- que una multitud no pudiera acompañar esta gesta desde las tribunas del Estadio Olímpico, en Tokio. Apenas se encontraban los oficiales de la competición y un grupo de asistentes y periodistas. Pero, evidentemente, había una atmósfera “mágica” en el Estadio, se corrió bajo un calor intenso de 31° y una humedad del 73%. Warholm contó que “me costó dormir durante la noche anterior, sentía mariposas en el estómago como me sucedió alguna vez, cuando era chico. Palpitaba algo… No sé, todo lo que ocurrió aquí de locos. Me entrené para esto como un verdadero demente”.

A Warholm le tocó el andarivel 6, con Benjamin por detrás (el 5) y Alison por delante (el 7). Al noruego le encanta el 7 (lo llama el “lucky Seven”, ya que por allí “siempre me pasó lo mejor de mi vida”), pero esta vez no había margen para las supersticiones. Partió con la decisión y la agresividad acostumbrada, o aún más. Su salida de tacos fue propia de un sprinter, una reacción de 145 milésimas de segundo sobre el disparo, cuando el campeón de los 100 metros, el italiano Jacobs, había producido 160… Benjamin, con su velocidad y depurado estilo, intentó seguirlo, inclusive consiguió apremiarlo entre la séptima y novena valla. No fue suficiente, ya que el noruego no cedió en esa recta final hasta consumar la hazaña.

Demolió literalmente su propio récord, Benjamin quedó segundo y el brasileño Alison, con una actuación que le hubiera deparado el título olímpico o mundial en cualquier carrera anterior, se llevó la medalla de bronce con un récord sudamericano -el sexto consecutivo que logra en menos de tres meses- de 46,72 segundos. Nada mal para quien, un año atrás, tuvo que demorar por varias veces su preparación debido a las restricciones por la pandemia, algo que le sucedió a la mayoría de los asistentes a los Juegos de Tokio.

Me habían preguntado muchas veces sobre la carrera perfecta, yo respondía que no existía. Pero esto es lo más cerca que se puede estar de ella”, afirmó Warholm, conmocionado apenas cruzó la meta, con su grito triunfal, con su remera exhibiendo el “Norway” y una euforia incontenible.

El primer hombre que cruzó la frontera de los 50 segundos en los 400 metros con vallas fue un estadounidense, Glenn Davis, hace más de medio siglo: 49s.9 manuales en 1958. Desde entonces, los progresos fueron a la par del resto del mundo atlético, pero pocas veces con un margen de superación como el que ha producido Warholm. Otro estadounidense, Geoff Vanderstock, fue el primero en correr debajo de 49 segundos, cuando marcó 48s.94 en los Trials Olímpicos de 1968, semanas antes de que el británico David Hemery lograra el oro de esos Juegos, y el récord, con 48s.12. En los Juegos siguientes, en Munich, apareció el ugandés John Akii-Bua para fijarlo en 47s.82. Y allí comenzó la era del más notable especialista de todos los tiempos, el estadounidense Edwin Carley Moses.

A lo largo de su campaña, Moses logró dos títulos olímpicos (Montreal 76 y Los Angeles 84), y si no hubo uno más fue sencillamente por que su país boicoteó los Juegos del 80, en Moscú. Moses llegó a Seúl 88 con 33 años y aún logró la medalla de bronce que marcó, a la vez, su despedida de las pistas: había competido en 190 carreras, de las cuales ganó casi todas (181). Durante una década -entre 1977 y 1987- fue invencible, una racha incomparable entre los hombres de su deporte y que abarcó 122 triunfos consecutivos, uno de ellos a su paso por Buenos Aires en la primavera del 80. Al momento de su retiro, además de exhibir semejantes números, disfrutaba de dos títulos mundiales (Helsinki 83 y Roma 87) cuando recién se inauguraba esa competencia. Y había marcado debajo de 48 segundos en 45 competiciones…

Moses batió en cuatro oportunidades el récord del mundo: 47s.64 en Montreal 76, 47s.45 un año más tarde en Los Angeles, 47s.13 en Milán 1980 y finalmente, 47s.02 en la pista alemana de Koblenz en 1983, en lo que significó la mejor marca de su vida. Se necesitó casi una década, hasta los Juegos de Barcelona 92, para que apareciera Kevin Young y fijara los 46,78 segundos, un récord que pareció inamovible casi hasta nuestros días. Warholm lo sacudió, también Benjamin y Alison pueden decir que ya corrieron más rápido que eso…

De ahora en más surgirán múltiples explicaciones para este fenómeno. Por un lado, están las cuestiones específicamente técnicas y la calidad de Warholm -también de Benjamin- y su apetito competitivo. Es un atleta formado en el decathlon, que le ha dado mentalidad, consistencia, base física y, sobre todo, resistencia, todo agregado a sus formidables condiciones naturales. Benjamin y Alison también son dos superdotados físicos.

Warholm es preparado por Leif Olav Alves, el hombre que seis años atrás le convenció de dejar las pruebas combinadas y concentrarse en los 400 metros vallas.

Pero además de las cuestiones técnicas y físicas, y de los nuevos sistemas de preparación, también hay que considerar la influencia que las nuevas tecnologías tienen sobre el atletismo y, en general, sobre la mayoría de los deportes olímpicos. En el caso atlético, con pistas ultrarrápidas y el calzado de última generación. Una pista como la de Tokio con el material sintético más avanzado parece otorgarles un plus de energía a los corredores, cualquiera sea la distancia. En cuánto a las zapatillas, Warholm exhibe una más cercana a las convencionales (la Puma Evo Speed Future), que no tiene la placa de carbono de otros modelos, pero que igualmente le permite un gran desplazamiento y mayor velocidad.

Las pruebas que comprenden el programa del atletismo cuentan con “barreras” (récords) que están para superarse. Así el deporte se estremeció cuando los primeros hombres corrieron por debajo de 10 segundos electrónicos en 100 metros, debajo de 20 segundos en 200 o de 44 segundos en 400: todo ello ocurrió en los Juegos de México en 1968, con Jim Hines, Tommie Smith y Lee Evans respectivamente. También se fijo como verdaderamente épico el primer momento en que un hombre -un británico, Roger Bannister- corrió por primera vez la milla por debajo de los 4 minutos, en 1954 en la pista de la Universidad de Oxford. Entre los “super records” podemos citar a aquel alemán del Este, Uwe Hohn, que arrojó el antiguo modelo de la jabalina por arriba de los cien metros (exactamente 104,80 en 1984). O cuando el australiano Ron Clarke liquidó su propio récord mundial de los 10 mil metros y lo llevó a 27m39s4 en 1965, casi 35 segundos por debajo del anterior. Y muchos episodios más, Beamon incluido, o las damas con Rosemary Ackermann por arriba de los 2 metros en salto en alto. También las marcas en velocidad de la infortunada Florence Griffith-Joyner en 1988 (como sus 10s.49 en los 100 metros) parecen de “otro planeta”, son inaccesibles hasta hoy, pero en su caso permanecen algunas dudas sobre la fiscalización.

La hazaña de Warholm entra en esa categoría y ya le permite reclamar un sitio, no sólo entre los autores de “marcas imposibles”, sino entre los definitivamente grandes de la historia atlética, aquellos que construyeron su categoría de colosos tanto con los récords como con los triunfos olímpicos.

 

La ficha completa de Warholm y Alison, así como la historia olímpica de los 400 metros con vallas, puede verse en el siguiente libro de la Biblioteca Digital de Consudatle: “Prodigios sobre las vallas” (edición 2021).

Acceso por el siguiente link:

https://biblioteca.consudatle.org/bienvenidos/

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