El adiós al gran velocista peruano Fernando Acevedo

El atletismo de Perú ha vivido un enero de tristeza al fallecer dos de sus más importantes figuras del historial, que lucieron entre las décadas del 60 y 70. A principios de mes, fue el caso del gran saltarín de alto Roberto Abugattas. Y este lunes 29 de enero ha fallecido –a sus 76 años- su más notable velocista, Fernando Acevedo.

            En su homenaje, presentamos aquí el capítulo con la semblanza de Acevedo, editado en el reciente libro “El imperio de la velocidad” (Luis Vinker, Biblioteca Digital de Atletismo Sudamericano).

                        Fernando Acevedo, el gran sprinter peruano

Ya se cumplió más de medio siglo de su mayor conquista en el atletismo, tanto por su valía técnica (la marca) como por el resultado de aquella carrera (la medalla pana­mericana). En aquellos comienzos de agosto de 1971, durante los Juegos Paname­ricanos en Cali, Fernando Acevedo concretó actuaciones notables, sobre todo sobre 400 metros llanos, que lo convirtieron en uno de los atletas peruanos más relevantes de la historia. Su récord de 45.30 permanece imbatible y aún hoy se puede conside­rar una marca de standard internacional, en una de las pruebas más exigentes de la programación atlética.

Hasta la aparición de Acevedo, el velocista peruano de mayor relevancia había sido Ge­rardo Salazar, quien se alzó con los títulos sudamericanos de los 100 metros en 1949 y 1952, alcanzó la final panamericana del 51 y destacó en los Juegos Bolivaria­nos de ese mismo año en Caracas, ganando en 100, 200 y en el relevo corto.

Nacido el 26 de julio de 1946 y proveniente de Chincha Alta, una provincia del sur de Lima, Fernando Héctor Acevedo Portuguez describió sus comienzos en una entrevista de hace algunos años con la BBC: “Desde que iba a las clases de edu­cación física en el colegio, tenía facilidad para correr y saltar. Y los profesores me fueron llevando al atletismo, primero en mi zona y luego en Lima, donde entrené para alcanzar el alto rendimiento”. También allí contó: “En colegio teníamos pista de tierra, corríamos en zapatillas o descalzado, la vestimenta era humilde. Como no teníamos tacos de partida, hacíamos huecos en la tierra para apoyar los pies y largar las carre­ras de velocidad. Pasamos necesidades, pero éramos jóvenes, felices, hacíamos las cosas con naturalidad y alegría”. Acevedo, además, contó que “para mí, ingresar en el deporte significaba hacerme un poco conocido, tener mayores opciones de un camino profesional”.

Aquel comienzo se había dado en la Unidad Escolar José Pardo, de su provincia, mientras que Luis Derteano fue su guía técnico en los comienzos.

En aquellas temporadas de fines de la década del 60, Acevedo se convirtió en uno de los animadores de la velocidad en el escenario sudamericano junto a otros nom­bres que hoy son leyenda como el colombiano Pedro Grajales, el chileno Iván More­no o el argentino Andrés Calonje. La pista del Parque Chacabuco, en Buenos Aires, fue escenario de uno de sus primeros encuentros en oportunidad del Campeonato Sudamericano de 1967, donde el sprinter peruano cosechó sus primeras medallas: el bronce en los 100 metros con 10.5 y el segundo puesto en la posta 4×400, mien­tras quedó en las semifinales de los 200. Moreno, con 10.4 en el hectómetro, y Gra­jales en 200 y 400 fueron los campeones en esa oportunidad. Pocos meses antes, Acevedo también había concretado su debut en los Juegos Panamericanos, en Winnipeg, donde fue semifinalista tan­to en 100 como 200 (10.59 y 21.7 sus marcas respectivas) e integró la posta corta de su país que terminó octava.

Los Juegos Olímpicos de México re­presentaban el gran desafío para aquella generación, en 1968. Acevedo se decidió por los 200 metros y atravesó dos ron­das, con 21.02 en su serie y 20.78 en los cuartos de final. En las semis quedó 8° con 20.91, en una serie dominada por dos de los colosos de la época: el esta­dounidense John Carlos y el australiano Peter Norman. Los mismos hombres que iban a protagonizar, junto al campeón Tommie Smith, el memorable momento en el podio.

Acevedo tuvo oportunidad de com­partir momentos atléticos con Smith y Carlos en temporadas posteriores, cuando entrenó por algún tiempo en los recintos univer­sitarios de San Jose, California, donde también andaba otro fenómeno de esa década: Lee Evans. Este había llevado el récord mundial de los 400 llanos –cuan­do obtuvo el oro olímpico- a una marca considerada “estratosférica” de 4s.86 y que permanecería imbatible por dos décadas. “Entrené allí entre 1970 y 1972, estar con Evans fue algo maravilloso y me dio proyección para llegar a los siguientes Juegos Olímpicos”, describió Acevedo.

El Campeonato Sudamericano de Quito, en 1969, marcó el reencuentro para la citada generación: esta vez Iván Moreno se proclamó en 100 y 200 con 10.6 y 20.9 respectivamente, quedando Acevedo como su escolta (10s6 y 21s0). Pero en la serie del hectómetro, y aprovechando la altitud de la capital ecuatoriana, Ace­vedo fijó el récord de su país: 10.2. El argentino Andrés Calonje fue tercero en ambas pruebas (10.7 y 21.1) y se dio el gusto de ganar los 400 llanos, algo que ningún otro velocista de su país ha podido realizar desde entonces. Grajales fue cuarto en los 100 metros con 10.8 y ese mismo puesto, pero en 200, correspondió al ecuato­riano Jacobo Bucaram, luego presidente de su país. La cosecha de Acevedo en ese Sudamericano se completó con el subcampeonato de la posta 4×100 (40s7) y una medalla de bronce en la 4×400. Semanas más tarde, todos viajaron para una serie internacional en Buenos Aires, donde el peruano fue el nombre dominante al ganar los 100 y 200 tanto en el clásico torneo Pierre de Coubertin (10.8, 21s7)) como en Bodas de Oro (10.5, 21.5).

Y también Acevedo se constituyó en gran protagonista de los Juegos Bolivarianos de Maracaibo, en 1970: en los 100 y 200 metros, con 10.2 y 21.2, superando en ambas pruebas al gran velocista local Arquímedes Herrera, que ya estaba en los úl­timos tramos de su campaña. Acevedo completó un triplete, anticipando lo que sería su especialización en los tiempos siguientes, al marcar 46.1 en los 400 llanos. Y en los relevos, los equipos peruanos, apuntalados por Acevedo, lograron la medallas de plata, detrás de Venezuela. A fines de la misma temporada, asistió a la serie inter­nacional en la Argentina, pero esta vez –con 10.4 en los 100 metros en el Coubertin- escoltó al sudafricano Isaac van Zyl.

Acevedo llegó a punto para los Juegos Panamericanos, en Cali. La final de los 400 se disputó el 1° de agosto de 1971 y allí se concretó el esperado doblete estadounidense con John Smith (44s.60) y Fred Newhouse (44s08). Pero el velocis­ta peruano logró la medalla de bronce con 45.30, constituyéndose así en el primer atleta sudamericano del historial en correr la distancia por debajo de 46 segundos. El registro de Acevedo lo ubicó como el 6° atleta del ranking mundial de la tempo­rada, detrás de cinco estadounidenses liderados por Smith. Este, proveniente de la famosa universidad de California-Los Angeles, asomaba como el gran favorito para los Juegos Olímpicos de Munich… pero se lesionó en la final. Su “desquite” llegaría décadas después, como entrenador, llevando a varios colosos del sprint –Maurice Green, Ato Boldon y Steve Lewis, entre otros- a las máximas conquistas olímpicas y mundiales

La aventura panamericana de Acevedo siguió a todo ritmo. En los 200 metros con­siguió el cuarto puesto con 20.69, fijando un récord sudamericano recién mejorado ocho años más tarde por el brasileño Altevir da Silva Araujo Filho. También en esa carrera Acevedo se topó con la primera clase mundial: el vencedor fue el jamaiquino Donald Quarrie con 19.86 (en ese momento se informó de 19s8 que igualaban el récord de Tommie Smith), seguido por el estadounidense Marshall Dill y el triniteño Edwin Roberts, am­bos con 2039. La posta 4×100 de Perú alcanzó el 7° puesto y todavía mejor le fue a la posta 4×400 integrada por Jorge Aleman, José Siguas, Augusto Marchinaris y Aceve­do: sus 3:08.53 todavía permanecen hoy como récord de Perú.

Dos meses más tarde, Acevedo era local con el nuevo Campeonato Sudamerica­no y allí se dio el gusto de ganar los 200 y 400 metros, algo que ningún otro velocista de Perú ha logrado en el historial de esta competencia. En 200 marcó 21.2 y aven­tajó por seis décimas a Pedro Eduardo Bassart, un argentino que asomaba como gran proyecto, pero que se retiró rápidamente de las pistas. Y en 400 también la ventaja del peruano fue amplia: 46.4 para el título, con el brasileño Joao Pedro Francisco (47s.9). Una terce­ra medalla, pero esta de bronce, llegó con el relevo corto.

Su ilusión se concentraba en los Juegos de Munich, donde arrancó con promiso­rios 45.80 en su serie. Sin embargo, una lesión le impidió largar en cuartos de final. Los estadounidenses volvieron a acaparar los primeros lugares -44.66 para Vince Matthews, 44.80 para Wayne Collett- en una carrera disputada bajo un clima trágico, tras la masacre de los deportistas israelíes.

Concentrado ya en sus estudios y en su inmediata carrera profesional, sus parti­cipaciones atléticas se fueron espaciando. Aún así volvió a representar a Perú en los Juegos Bolivarianos de 1973, en Panamá, donde retuvo su cetro de los 400 metros con 46.50 y fue subcampeón con la posta corta. Y cuatro años más tarde, en La Paz, ganó los 200 y 400 metros llanos de esos mismos Juegos con sorprendentes marcas, aún con el beneficio de la altitud: 20.82 y 45.43. Además fue subcampeón de 100 llanos con 10.43, su mejor registro electrónico y de la posta corta, y medalla de bronce con la 4×400.

Diplomado en Educación Física, con posgrado en la Escuela de Entrenadores de Mainz (Alemania), Acevedo ejerció desde entonces en la preparación deportiva en distintos establecimientos como el Colegio Peruano Alemán Alexander Von Humbol­dt, en los equipos del Alianza Lima, en la escuela de árbitros y en la Fuerza Aérea de su país.

Sus mejores registros personales

100 metros llanos (electrónicos): 10.43 el 18-10-77 en La Paz (la marca permaneció como récord peruano hasta que Andy Martínez la llevó a 10.28 el 22-4-16 en Tarija)

100 metros llanos (manual): 10.2 el 4-10-69 en Quito

200 metros llanos (electrónicos): 20.69 el 3-8-71 en Cali (la marca permaneció como récord peruano hasta que Andy Martínez la llevó a 20.58 el 24-4-16 en Tarija)

200 metros llanos (manual): 20.8 el 1-4-72 en Santa Mónica

400 metros llanos (electrónicos): 45.30 el 1-8-71 en Cali (fue récord sudamericano hasta que el brasileño Gerson Andrade Souza pudo mejorarlo con 45s21 el 16-9-82 en Rieti. Se mantienen como récord nacional.

400 metros llanos (manual): 46s.1 el 1.9.1970 en Maracaibo.

Pista cubierta

60 metros llanos: 6.83 el 1-3-78 en Cosdorf

400 metros llanos: 48.1 el 4-2-78 en Oviedo

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